Un amigo independentista me dijo, después de mi última entrega, dado que había sido secretario nacional de economía y finanzas del PNC (1999-2002) y que soy economista y empresario, que estaría bien hacer un estudio sobre como quedaría Canarias en la ansiada independencia y claro, eso sería hacer algo sensato que requiere de tiempo y recursos; pero lo que si puedo hacer en quinientas palabras es darle una pincelada de cómo veo yo que los temores infundados por nuestra indefensión y dependencia carecen de fundamento, requiriéndose solo liderazgo y valentía.
Ahora nuestra economía se basa en los servicios, nuestro as es el turismo y nuestro mercado está en Europa, básicamente en Inglaterra y Alemania. Antes también fue así, se negoció con los ingleses desde la cochinilla hasta los plátanos y en la época del cambullón se comerció con cualquier barco que pasara por nuestras aguas internacionales en el idioma que hiciera falta. Los canarios fuimos y somos un pueblo de negociantes, intermediarios, mercaderes, llámalo como quieras; pero las cosas se conseguían mercadeando con el que se pudiera sin que Madrid tuviese que mediar. Los canarios se buscaban la vida aquí y allá cuando tuvieron que emigrar. Sobrevivimos trabajando y mercadeando, ahora se trata de mantener nuestros mercados e intermediar en libras, euros o dólares; no es para ponerle reparos.
Una vez más se trata del viejo juego del trueque aunque, en esta ocasión o de una vez y para siempre, no sería solo con España en exclusiva sino con el resto de Europa, parte de África y la mitad de America, con quien tenga algo que aportar y nos respete como Estado Soberano. Parece fácil, nosotros seguimos haciendo lo que hemos hecho siempre - negociar y trabajar – y dirigimos nuestro destino definitivamente; pero es difícil por dos motivos fundamentales: La falta de recursos para impulsar el proyecto soberanistas y ese miedo paralizante a los moros que nos van a comer si nos emancipamos. Si somos buenos para negociar tendremos que hablar con la OTAN que seguro que está interesada. Hablemos con los gobiernos de Londres y Berlín que están al corriente de cuantos de sus compatriotas vienen, veranean o residen en Canarias. Cualquier interlocutor será mejor que la Madrid despreciativa (véanse los presupuestos grales. del Estado de los últimos 50 años)
No somos guanches que somos canarios y hemos crecido haciendo tratos en idiomas que desconocíamos, somos una tierra cosmopolita ha donde llegaron muchos con ideas avanzadas y donde también llego la Universidad y, como no somos tontos, ni vagos, ni aplatanados, ni todo eso que creen algunos cretinos foráneos que solo saben criticar, y disponemos de las nuevas tecnologías, pues seguro que no nos vamos a hundir si se proclama la independencia y estaremos mejor, sin el temor a que España nos venda, nos cambie o nos abandone, que si no lo ha hecho es porque no le ha interesado y si no le interesa es porque aportamos, no porque contemos.
Como verá mi amigo independentista yo creo que la situación en la post independencia dependería de nuestro trabajo y de nuestra habilidad para negociar nuestra seguridad y comerciar en nuestra economía, exactamente igual que como viene siendo habitual en los últimos quinientos años. ¡Ya está bien!
Ahora podremos debatir si Europa nos conviene más que África, si la mejor moneda es la Libra o si será conveniente integrarnos en la OTAN, yo firmo al menos dos de las tres. Ahul.
Parece que se ha animado el debate soberanista canario en este comienzo del XXI, y bien que me alegraría si no fuese por tener que escuchar de algunos canarios de pro, falacias mil veces repetidas y otras mil veces erradas. Los argumentos españolistas han sido siempre los mismos: “para que cambiar si estamos bien así, mejor que nunca” “los independentistas son una minoría” “Canarias no podría autoabastecerse” o el más español “pero ¿a donde vais, a poneros la chilaba y a vivir en una jaima?”. Menos gracioso es lo de que el independentismo es cosa del pasado (¡Ay! don Manuel) o que debemos ser asociados (¡Ay! don Miguel) o que el independentismo es una entelequia porque hay otros modelos jurídicos-políticos que dan más juego (¡Ay! don Fernando)
Hay un documento por ahí (en la red, en las hemerotecas y en la memoria de muchos) que data de los años setenta en donde se contestaba larga y tendidamente a los argumentos contra independentistas. No los voy a repetir aquí; pero si quiero escribir la quijotada que pensé al escuchar de nuevo las viejas y azules consignas nacionales: ladran, luego cabalgamos.
¿Para que cambiar? Para ser nosotros, los canarios, los únicos responsables de nuestro destino. ¿Estamos bien en España? Me recuerda al chiste del pobre aquel que se consolaba pensando que podía estar, además, tullido. Somos la penúltima comunidad española en todos los índices sociales y económicos, el presidente del Estado no recibe al nuestro y nuestros problemas le traen al pairo. ¿Mejor que nunca? ¿Y cuanto nos deben todavía? Hazme el favorito, anda.
Minoría fueron los canarios que votaron a la Constitución española y los que dijeron si a la OTAN y minoría son los que votan a las legislativas españolas y/o autonómicas. Desde luego en mi entorno y por lo que se está destapando, de minoría nada, a lo sumo silenciosos y silenciados.
Uno de cada cuatro turistas que entra en España lo hace por un puerto o aeropuerto canario, somos dos millones de canarios contra doce millones de turistas y yo creo que podríamos autoabastecernos bien con eso y si además en nuestras aguas hay petróleo, mucho mejor. El argumento del abastecimiento es tan caduco que se refiere a cuando éramos tan miserables aún siendo españoles, que estos nos limosneaban y encima había que reverenciarles y estarles agradecidos… hace 25 años más o menos. ¡Y todavía hoy!
Para don Manuel ya todo debe ser cosa del pasado, gracias por los servicios prestados y todo el respeto del mundo, pero don Miguel, con lo bien que empezó usted con lo del estado libre, ¿a que le tuvo que adjetivar el asociado? Primero libres y después ya veremos. No vaya a hacer como don Antonio que escribió una constitución (ahora editada y con PVP) el solito en su senilidad, sin apoyarse en nadie, poniendo un techo sin diseñar siquiera los cimientos.
¿Existen otros modelos que mercantilmente nos pudieran interesar más? Seguro, pero ¿en que lugar quedaría entonces la preciada, escencial e innegociable Identidad Canaria? ¿Copiaríamos un modelo o sería el propio? Ese es el matiz, ¿cuando haremos entre todos los canarios nuestra propia casa?
Lo que nos ha dejado España es un sentimiento cobardón incapaz de gritar alto, fuerte y sin tapujos: ¡Viva Canarias Libre! y como en los setenta añadir “e independiente”
JOSÉ ANTONIO GARCÍA DE PAREDES PÉREZ jparedes@ull.es
Economista, Secretario Nacional de Economía del PNC (1999-2002)
Después de más de treinta años de democracia no existe impedimento para hablar abiertamente de cualquier tema y aunque al hacerlo de la independencia del Archipiélago midamos milimétricamente para no molestar, va siendo hora de que se amotinen nuestras voces y marquemos la ruta de nuestro destino.
El independentismo es una corriente política que propugna la independencia de un territorio respecto del Estado en que se circunscribe y plantea sus tesis sobre el principio de que es una nación y que no alcanzará su plenitud formando parte de ese Estado.
Muchos de los “no creyentes” canarios no solo desaprueban esta ideología sino que desmerecen a quienes las propugnan, desacreditándolos interesadamente aludiendo a las deudas con la madrastra, a lo poco que seríamos sin ella u a otras falacias estandarizadas que se repiten hasta creerse verdad. Si se argumenta con la historia, los españolistas hablan de guanches; si hablamos de economía responden con subvenciones y si se argumenta con cultura, se niega la mayor: “aquí no le tenéis”.
No somos guanches somos canarios, como los mexicanos no son incas, ni los chilenos mapuches. Canarios cultos que preferimos determinar nuestro destino como pueblo independiente, neutral y maduro a que lo sigan planificando desde fuera y que defendemos esa idea igual que izamos bien alto la bandera de las siete estrellas porque es nuestra. Sin embargo nos seguimos agazapando como si nos avergonzáramos de nuestra capacidad, como si emanciparse fuese delictivo. Canarias puede y debe ser independiente, sin agresiones, debatiendo en el marco de las reglas establecidas la posibilidad de cambiarlas y escribir la Constitución en lugar de un mendigado estatuto que tienen que aprobar los que nos manejan a distancia.
Porqué y para qué son las cuestiones que se plantean cuando paternalmente nos dejan exponer nuestras tesis. Le respuesta es simple: Por y para determinar nuestro futuro, “para llevar la ruta en nuestras manos porque el velero es nuestra casa”. Después viene aquello de ¿adonde vas con los políticos que tienes? casi desarmándote sino fuese por la confianza en los canarios y la seguridad de que hay cientos preparados para liderar sin apadrinamientos la independencia y miles para acompañarla seriamente en la travesía sin ambages ni doblez.
Hay quien busca la unidad nacionalista para intentar ser la cola del león en un parlamento que nos menosprecia cuando el discurso debería ir dirigido a establecer nuestras propias reglas, un modelo original adecuado a la identidad y la idiosincrasia de nuestro pueblo y a las peculiaridades de nuestra tierra. Marcamos paso al son del himno español y solo lo cambiamos si Europa interviene, nos sentimos tan insignificantes ante la inmensidad que nos achicamos copiando lo que establece el continente.
En tan corto espacio hablar del tema de la Independencia de Canarias no da ni para prologarlo. Tampoco podemos dirigirnos hacia la autodeterminación con uniones de juguete entre reinos de Taifas insulares asentados y anquilosados en la idea de que tenemos que ir cogidos de la mano patria por sécula…
JOSÉ ANTONIO GARCÍA DE PAREDES PÉREZ jparedes@ull.es
Secretario Nacional de Economía del PNC (1999-2002)
Algunos independentistas arguyen a la historia y derivan con batallitas entre godos y guanches que consiguen únicamente incrementar el concepto de victima con que los atacan, resultando lógico por otro lado ya que con la multitud de desprecios e infamias que hemos sufrido lo difícil sería no parecerlo. Sin remontarnos a la conquista nos acordamos de la primera visita a Canarias de un rey español, viniendo el abuelo del actual después de cinco siglos de españolidad, para decirle al mundo que jamás vio una tierra más pobre y miserable que esta, de lo que se deduce que era así por dos posibles razones: que nunca fuimos iguales al resto de su reino o porque no éramos españoles como los demás. Más reciente fue cuando los moros reclamaron el Sahara incluyendo en el paquete de compra-venta a las siete islas. La preocupación que me produjo tener deneí sin tener casa me llevo a reflexionar sobre la patria, el nacionalismo y al deseo de que seamos los canarios los que marquemos la ruta de nuestro destino antes de que nos vendan o que nos clasifiquen como bultos, como ocurrió con la Ley de autonomías donde recibimos un trato de tercera. Para ese momento no se encontraron diferencias con otras regiones españolas, no valió la distancia ni la sensibilidad de los isleños, no importábamos.
También en la democracia impresionó cuando el gobierno español mandó a matar a Cubillo por defender sus ideas contrarias a las del Estado. Siempre han tratado de desacreditar al líder independentista y consiguieron atenuar su voz. Hoy apenas lo insultan y solo se burlan de él por su figura apuñalada, la fidelidad con sus ideas y la coherencia personal en su trayectoria.
No exigimos la independencia como respuesta a un pasado injusto sino por ansiar un futuro mejor. Hoy nos preocupa que no podamos limitar la residencia porque Bruselas no lo admite o que no podamos gestionar nuestras aguas por el asunto semántico archipielágico. La OTAN viene a matar delfines en nuestras narices pero no disponemos de guardacostas ni de guardas nada y cuando ocurre un accidente, dependemos aún demasiado de un exterior que tarda tanto en llegar como nos cuesta su ayuda. La entrada por aire es incontrolable porque Madrid lo considera conveniente y AENA expropia terrenos sin consideración a las administraciones públicas canarias ni a sus gentes, igual que lo hacen otras empresas públicas cuando deciden sus inversiones en lo nuestro sin considerarlo o como UNELCO, que no ha parado de reírse de todos con su dejadez y sus torretas. Costas desde el centro del secano decide cargarse los caseríos de Anaga y Marruecos reclama más cuotas de mar, obteniendo de Europa ayudas a sus tomates que niegan a nuestros plátanos. No podemos negociar con países vecinos sin intervencionismos a distancia y estamos abocados a negociar con los que nos ubican en las RUP y nos tratan como tal. Aunque cada vez somos más ricos, habiendo que repartir con más, lo pobreza queda para los nuestros igual que la destrucción del territorio permanecerá en Canarias.
Añadiríamos cientos más y podemos desarrollarlos extensamente; pero echamos en falta, de un gobierno nacionalista, que no haya encargado a las Universidades Canarias un estudio amplio y detallado sobre las hipótesis nacionalistas y su repercusión política, económica y social, para así poder debatir a partir de una base fundamentada y no sobre la historia o sobre opiniones personales. Continuará…
JOSÉ ANTONIO GARCÍA DE PAREDES PÉREZ jparedes@ull.es
Secretario Nacional de Economía del PNC (1999-2002)